Una pesada carga: depresión.

El pasado domingo el programa Salvados, de la Sexta, trató sobre las enfermedades mentales. Hizo especial hincapié en la depresión y el suicidio.

Pues bien, a pesar de no ser a priori un tema nada bonito o alegre me pareció muy acertado tratarlo, ya que tendemos a pensar que "lo que no vemos no existe" y nada más lejos de la realidad, pues está mucho más presente de lo que nos podemos imaginar.

¿Sabéis que en España está diagnosticadas de depresión unos dos millones y medio de personas? Se dice pronto, pero es muy probable que el número real sea mayor ya que todavía existen numerosos tabús acerca de los problemas mentales. Rápidamente se tacha al que va al psiquiatra o al psicólogo de loco y, por tanto, a nadie le apetece airear sus "trapos sucios".

Seguro que alguna vez os ha pasado. Tenéis un problema o algo que os hace diferentes a los demás (un lunar grande, la nariz algo torcida, los pies del tamaño de un portaviones...) y os sentís, raros, distintos, ¡que no encajáis! Pero entonces un día encontráis a alguien que tiene esa misma característica que vosotros y ya no os parece tan grave ni tan malo. Lo mismo les pasa a las personas con depresión.

Con el hándicap de que para estas personas esa diferencia se convierte en una mochila muy pesada y en ocasiones imposible de soportar. Cuando llegan a ese punto es posible que el desenlace sea fatal y se lleguen a suicidar en el convencimiento de que es lo mejor tanto para ellos como, ¡ojo!, para los que le rodean.

A menudo escuchas a la gente decir que las personas que se suicidan son egoístas porque no piensan en el daño que les pueden hacer a aquellos que se quedan, pero os puedo asegurar de que en su mente sólo vive la idea del alivio que les va a suponer a sus seres queridos no tener la responsabilidad de una carga a las que creen que les someten.

El suicidio "mata" al año al triple de personas en este país que los accidentes de tráfico.

Nadie habla de ello.

En las noticias utilizan eufemismos, rodeos o fórmulas socialmente aceptadas para referirse a él.

En mis tiempos de estudiante (sí, mi frágil memoria aún alberga recuerdos de aquellos años) me llamó mucho la atención el tratamiento que en la carrera se daba a este tema. Una vez incluso leí que debías preguntar directamente, en caso de sospecha, si la persona a la que tratabas había pensado o intentado suicidarse.

Para mí fue como un jarro de agua fría. Si lo mejor es abordar el tema sin irse por las ramas, ¿cómo es que nadie, nunca, habla en público sobre eso?

Recuerdo también que mi padre siempre me ha contado que en los pueblos se encerraba a la gente con problemas mentales con los animales, pues los consideraban poco más (o menos) que a éstos. Imagino que la versión en la ciudad sería encerrarles en manicomios y no hablar de ello. ¡Qué vergüenza!

La depresión no es la normal tristeza que tod@s podemos sentir cuando nos pasa algo malo. Es un sentimiento mucho más profundo e incapacitante de desesperanza hacia lo que uno es, hacia el futuro y hacia los demás. Una gran apatía en todos los aspectos que se presenta acompañada de problemas para llevar una vida normal. Una persona deprimida no es que no quiera, es que no puede.

El proceso necesario para superar estos episodios varía mucho de una persona a otra, pero inevitablemente lleva tiempo y esfuerzo. En casos muy graves puede llegar a necesitarse medicación como complemento a una terapia en la que la persona aprenda a procesar su realidad de una forma menos dañina a como lo venía haciendo hasta ahora.

Pensad que la medicación debe ser siempre una ayuda puntual, no una cura, pues lo que de verdad soluciona el problema es una profunda reestructuración cognitiva en la que se debatirán pensamientos irracionales que normalmente están muy arraigados y bloquean a la persona.

Si tú que me lees o alguna persona de tu entorno está pasando por este tipo de situación no dudes en buscar ayuda porque, aunque no lo veas nada claro en este momento, se supera.

Habla, no te quedes quiet@ y callad@, no dejes que esa pesada carga te hunda.